Gusanos de maguey en un restaurante en Polanco, ciudad de México

KARLAMORHART

No debe sorprendrnos que existan miles de seres que les guste ingerir insectos, sientan un gran pecer de comerselos.

Se indica, que los insectos por regla general tienen una gran eficiencia alta en su conversión a un alimento, su alto nivel de reprodución aprovecha al máximo los nutrientes de su entorno para convertirse en proteínas, vitaminas, grasa, etc. Estudios han comprobado que algunos insectos producen proteínas a un ritmo muy superior al de otros animales que proporcionan carne a los humanos, pudiendo llegar hasta cerca de 20 veces la producción que pueda tener una vaca Es por esta razón por la que los estudios de algunos organismos de alimentación están pensando que los insectos podrían ser la fuente principal de proteínas en la alimentación humana del futuro. Siendo además una de las formas de vida dominantes en nuestro planeta no es difícil de pensar en ellos ante un crecimiento de la población como el que se vive en la actualidad

Wikipedia señala, que es muy probable, que antes de que los humanos fueran cazadores, los insectos formaran parte de su dieta alimenticia. Evidencias de esta hipótesis se han encontrado en el análisis realizado a ciertos coprolitos en cuevas de EEUU y México. Los coprolitos encontrados en las cuevas de Montañas de Ozark fueron analizadas y se encontraron que contenían hormigas, larvas de cucaracha, piojos, garrapatas y termitas.Las pinturas rupestres representan una colección de nidos abejas, tal y como se representan en la cueva de Altamira en el norte de España y que datan aproximadamente del 9,000 al 30,000 adC En esta época los seres humanos se alimentaban de pupae y larvae endulzadas con miel. Se han encontrado las larvas de gusanos de seda silvestres (Theophilia religiosae) en las ruinas de Shanxi provincia de China, con fecha aproximada de 2,000 a 2,500 años adC, los restos con grandes agujeros sugieren su posible ingesta con instrumentos humanos (una especie de cubertería es pedial "ad hoc"). Muchas de las costumbres y prácticas culinarias relativas a la entomofagia han perdurado en el tiempo y han pasado a nuestros días, formando lo que se denomina "entomofagia tradicional".

La entomofagia procura principalmente proteínas (por ejemplo un saltamontes tiene un 20% de proteínas frente a un filete de ternera que posee un 27% Las concentraciones de proteínas pueden crecer una vez que el insecto se haya preservado seco pudiendo llegar a un 60%. Algunas orugas pueden llegar a tener entre 30% y 80% de contenido proteínico. No obstante los insectos pueden aportar a la dieta humana vitaminas, minerales y grasas. El aporte de cada uno de estos nutrientes depende de la especie y de la preparación de los insectos, y dentro de una misma especie depende en gran medida el hábitat

Definitivamente, entomofagia se entiende como la ingesta de insectos y arácnidos, o artrópodos en general, como alimento para los humanos y los animales, se trata de un hábito alimenticio muy extendido en algunas culturas de la tierra: América Central y del Sur, África, Asia y Australia, aunque en algunas otras es muy poco común o es considerado un tabú. La entomofagia es objeto de estudio por la etnoentomología.

No sorprende que en nn las cocinas africanas es muy frecuente ver el consumo de insectos, el más común suele ser la oruga Una de las más populares versiones de entomofagia humana es el consumo de la gonimbrasia belina es una especie de escaramujo muy habitual en Sudáfrica, que posee una oruga muy grande comestible, el mopani o gusano mopane (a veces aparece como mompani), es una fuente muy importante de proteínas para millones de sudafricanos y a veces es preferido frente a la carne, que se suele preparar estofado en salsa de tomate e incluso crudo. La langosta tiene un papel muy importante en África, en particular la langosta de desierto (Schistocerca gregaria), las hembras son muy apreciadas ya que portan huevos y su contenido graso es mayor que el de los machos.

En algunas cocinas regionales de México es común consumir insectos. Los estados en los que se consumen más insectos son Oaxaca, Guerrero, Puebla, Hidalgo, Tlaxcala y Querétaro. Las variedades de insectos comestibles son muy variadas e incluyen el ahuautle, los escamoles, cuetlas, jumiles, chinicuiles, gusanos de maguey y los muy conocidos chapulines (una especie de saltamontes) que se suelen comer como botanas enchilados o marinados en zumo de limón. El consumo de insectos tiene origen en los hábitos alimenticios mesoamericanos precolombinos, y hasta hace poco tiempo la entomofagia era una práctica exclusiva de las clases populares rurales de los estados mencionados. Hoy en día se ofrecen platillos preparados con insectos en restaurantes especializados y restaurantes de alta cocina mexicana

Hoy en día, se han contabilizado 504 especies de insectos comestibles en la República Mexicana, y eso que sólo se han explorado parte de los estados del centro, sur y sureste del país. Chinches, pulgones, libélulas, gusanos de maguey, escarabajos, hormigas, abejas, chapulines, jumiles

Respecto a los insectos que se comen en el mundo, tenemos los siguientes ejemplos: las abejas de Ceylan, hormigas mieleras en Estados Unidos, grillos e insectos acuáticos en Thailandia, hormigas en Francia, larvas de mariposas en Rhodesia, termitas en Africa, escarabajos en Egipto, langostas en Africa, Asia y el mundo árabe, etc.

Durante la conferencia auspiciada por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los especialistas se centrarán en la identificación de métodos para criar insectos forestales comestibles.

“Tenemos pocos conocimientos aún sobre el ciclo de vida de estos insectos, su potencial comercial y la forma de criarlos”, señaló Patrick Durst, especialista de la FAO.

Del total de especies de insectos que se consumen en el mundo, 527 forman parte de la dieta en 36 países de África, en 29 de Asia y en 23 de América.

Entre los insectos más consumidos figuran los escarabajos, saltamontes, grillos, hormigas, abejas y mariposas, según el informe de la agencia de Naciones Unidas.

Según Durst, para conseguir aumentar el consumo de insectos comestibles, es necesario que las empresas que los comercializan “mejoren el empaquetado y la promoción de sus productos para atraer al potencial consumidor y ampliar así la demanda, especialmente en las urbes”.